Un día como cualquier otro un ser diminuto se decide a empezar. Lo tiene claro. o no tanto. Pero ya no importa porque el reloj que marcaba su hora ya ha enpezado, y como todos sabemos, el tiempo nunca se para. Puede que consiga hacer algo. Puede que no. Tampoco sabe si conseguir algo es la meta de su azaña recien enpezada. Aunque sí, todo tiene un fin. La verdad es que lo realmente importante es lo que el tiene que sentir. Expresarse es el camino de la mente para volar. Escribir es una forma de expresarse. Y así este pequeño indivíduo ha decidido volar escribiendo. Volar para sentirse libre. Volar para liberar las penas, para dar rienda suelta a la imaginación, volar por amor, volar por tristeza, volar por volar. Volar porque de alguna manera en su cuerpo hay algo que se lo pide, pero nunca se había decicido a hacerlo. Volar, porque sin volar, todos esos pensamientos se diluyen como lágrimas en la lluvia.
Ha dejado de pensarlo, lo ha hecho. Lo tiene claro. O no tanto.